lunes, 30 de abril de 2012

No era una simple tarde de otoño.

Ella camina sin rumbo, haciendo equilibrios sobre la vía del tren. Esquiva esas fuertes rachas de viento que pueden hacerla caer. Mira al cielo esperando a que no se haga de noche antes de que venga el tren. Lleva esperando este momento al menos el tiempo necesario como para darle la mayor importancia del mundo.
El que empiece a llover no ayuda demasiado a la espera y esa pequeña solitaria debe ponerse a cubierto. Mientras observa como las gotas caen sobre sus manos recuerda las veces que a visto sobre ellas otras similares. Las manos de aquel que amaba.Se acerca un tren pesado y viejo, no deja de echar humo, nublando la vista de la inquietante chica yacente ya de pie sobre sus dos delgadas y blancas piernas. 
Está hermosa, más que nunca. El vestido de flores amarillas favorece su delicada silueta. Sus temblorosas manos se abren paso entre la niebla con la mezcla a ese inconfundible olor del carbón . Y comienza a correr. No le importa mojarse, tiene un objetivo que cumplir. Su pulso aumenta, los latidos de su corazón salen por su boca a modo de suspiros, le cuesta respirar, pero continua...no se rendirá.  

Y de forma atípica un rayo de sol rompe en el lugar.Y allí estaba él, sonriendo como de costumbre, una sonrisa pilla, de lado. Una sonrisa desenfadada, de esas que él solía poner para quitarle importancia a los asuntos.

Ella, como un impulso casi involuntario, se adelantó a su encuentro dejando atrás las composturas y todos sus modales. Y lo abrazó. Y no con la mayor delicadeza del mundo, no. Lo abrazó con fuerza, no quería perderle de nuevo,"¿Ya no se irá más verdad?" se preguntaba una y otra vez. Su cuerpo temblaba, su voz temblaba también, pero una mirada profunda de alguien que ama le bastó para hacerla entrar en calor. 

Ya casi sin aliento, respira profundamente. Coge aire, no mucho, ya que a partir de ahora deberá compartirlo. Por fin, después de tanto tiempo, llegó el momento que tanto había estado aguardando. Ella ha encontrado la luz que le iluminará el camino hacía la paz, la fuerza que le ayudará a seguir caminando, la vida que llenará su alma. Ahora ella camina con una de sus mejores sonrisas y le parece el sol más brillante, el cielo más azul, el aire más limpio, la vida más bella. 

De nuevo ella camina sobre la vía  y sin embargo esta vez no se cae. Están sus manos para sujetarla.








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